Escándalos sexuales sacuden el frente masculino del poder en Francia

París. – El escándalo que obligó a dimitir al director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, se repite su país: un secretario de Estado francés renunció a su cargo por acusaciones de abusos sexuales. Y es que parece que la disposición a denunciar abusos crece en Francia.

Al parecer, el “masajista chino” hizo honor a su apodo. El ya exsecretario de Estado francés para la Administración Pública Georges Tron era conocido por su afición a los masajes de reflexología. Sin embargo, ahora varias mujeres le acusan de haberles masajeado los pies, algo que culminó en acoso sexual, índicó DPA.

La Justicia comenzó a investigar dos de esos casos y el domingo, Tron anunciaba su renuncia.

El presidente francés, Nicolas Sarkozy, se desprendió así de un miembro de su gabinete salpicado por los escándalos, pese a que Tron, poco conocido públicamente, rechazó las acusaciones.

Sin embargo, su dimisión tuvo un carácter simbólico. Todo indica que desde el affaire de Strauss-Kahn cada vez son menos las víctimas que guardan silencio y más las que optan por poner a raya a los acosadores y denunciar el sexismo.

“Si veo que una empleada de hotel está en situación de ensañarse con Dominique Strauss-Kahn, entonces me digo que no puedo mantener la boca cerrada”, señaló una de las mujeres que denunció el acoso de Tron, al diario Le Parisien. “Debemos romper la ley del silencio”, añade.

Cuando el exdirector gerente del FMI fue acusado en Nueva York de agresión sexual, provocó una ola de conmoción en su país, Francia. “Eso nunca le habría ocurrido aquí”, parecen pensar muchos.

Y es que el sexo y el poder están muy entrelazados en Francia: el expresidente Felix Faure murió en manos de su querida, su sucesor en el cargo François Mitterrand mantuvo una segunda familia y Jacques Chirac estaba ilocalizable por su propia mujer la noche del accidente mortal que sufrió Diana de Gales en París.

Pero pese a todo, sigue dominando una ley del silencio velada. Muchas francesas no denuncian los abusos sufridos y en Francia no hay una figura pública que incentive a las víctimas a hablar.

Pero de alguna forma eso parece haber cambiado. Una web que anima a denunciar a las mujeres el machismo cotidiano al que se enfrentan tuvo un éxito enorme. “El affaire DSK fue un catalizador. A partir de ahora habrá un antes y un después”, cree Valérie Toranian, redactora jefe de la revista Elle.

Y cada vez más acusaciones llegan a los medios. En la Asamblea Nacional francesa domina un clima machista, afirma el diario Le Parisien. La secretaria de Estado para el Deporte, Chantal Jouanno, no viste falda conscientemente cuando va al Parlamento para no tener que escuchar ningún comentario incómodo. “No debería sorprenderse si la violan”, llegó a decir una vez un diputado sobre una colega.

Para Sarkozy, el caso Tron es incómodo por varios motivos: para la campaña electoral habría sido mucho mejor si no hubiera habido un doble al caso DSK en el campo del gobierno. Además, no es el primer escándalo en las filas de sus miembros del gabinete.

A los cigarros por 12.000 euros, una autorización de construcción ilegal, el affaire en torno a la heredera de L’Oréal Liliane Bettencourt, una ofensa racista y las vacaciones en Túnez durante la revolución se añade ahora una acusación de acoso sexual. Los afectados ya no están en el gobierno, pero las “anécdotas” quedan ancladas en la memoria colectiva.

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