Strauss-Kahn, a lo CSI

Aunque se suponía que los resultados de los análisis genéticos no trascenderían, las cadenas ABC y NBC afirmaron que se hallaron restos de ADN en las prendas que usaba la presunta víctima del ex presidente del Fondo Monetario Internacional Dominique Strauss Kahn y en la habitación del hotel Sofitel.

Al momento de su detención, al mejor estilo de la serie televisiva CSI, las autoridades tomaron muestras genéticas a Strauss-Kahn, que pueden ir desde una extracción de sangre hasta un poco de saliva colectada mediante hisopo. De esas muestras se elaboró el mapa genético de DSK y se ha contrastado los restos de ADN encontrados en la camisa de la empleada del hotel, cuya identidad permanece en secreto.

En las pruebas de laboratorio, se aisla el material genético encontrado en la ropa de la víctima cuya fuente puede ser saliva, semen, cabellos o células epiteliales y se buscan los marcadores genéticos (hasta 17 loci) y se comparan con el mapa genético ya elaborado de Strauss-Kahn.

Si hay coincidencia, entonces hay certeza de que estuvieron en “contacto”. Ahora bien, probar el “abuso” es algo más complicado y dependerá de las evidencias físicas recolectadas en la mucama y en su presunto victimario, es decir, si hay señales de lucha o algo que indique que el contacto no fue consentido.

El Acido desoxirribonucleico o ADN es una huella genética. Consiste de serie de moléculas que contienen material genético que son el resultado de la herencia. La probabilidad de que dos personas diferentes tengan la misma huella genética es tan baja que se puede considerar como única para cada persona, es por ello que se utiliza en la Investigación Criminal desde 1980 en Inglaterra y en los Estados Unidos desde 1987.

Las tomas de este tipo de muestras no son nuevas. Célebre es el vestido azul de Mónica Lewinsky que guardó durante casi un año con una muestra de semen del ex presidente de los Estados Unidos. En aquel entonces el Fiscal Kenneth Starr ordenó que se tomara una muestra de sangre del presidente Clinton. Una vez conseguida la orden al jefe de Estado no le quedó de otra que arremangarse la camisa ypermitir que le sacaran la sangre mientras un agente federal y un fiscal mantenían la mirada fija en el tubo de ensayo.

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